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martes, 28 de abril de 2009

Hambre por la noche

El aliento de Fernanda es horrible, es un olor penetrante que proviene desde la boca de su estómago y termina en el paladar áspero, sin humedad en la lengua. Los dientes amarillentos le dan mal aspecto cuando sonrie amablemente a las personas.

Fernanda no come desde hace algunos meses, quiza algunos años. El último bocado de su hambruna fué una mordida crujiente a una manzana verde de gran tamaño. Cerró los ojos durante todo el tiempo, tuvo que abrir toda la mandíbula para clavar los dientes que se undieron solidamente en la fruta y el jugo de la manzana brotó como el agua de una gran fuente. El jugo refrescante escurrió sobre su labio inferior manchando su blusa ... Mientras masticaba lentamente, vio pasar manchas de humo verde, morado y rojo difuminadas entre el gran placer sutíl que contemplaba en ese instante. La lengua se le durmió y empezó a escupir pedazos de manzana hacia el suelo. Corrió muy alterada hacia el espejo del baño y vió que su lengua le gangrenaba rapidamente. Abrio la llave del lavabo y pasó la lengua ardiente por el chorro de agua... Perdió la lengua lamentablemente.

Ahora camina por el mercado, recorriendo todos los olores de los puestos de frutas y verduras frescas, le hacen recordar aquella desdicha.


Esta noche se despertó a las dos treinta de la mañana, con mucha hambre. Media despierta se dirige descalza al refri y por inercia lo abre. Saca una pera, la devora con paciencia. Regresa a la cama sonrriendo...




-Cada noche es lo mismo, la veo desde la ventana de mi cuarto que da a su cocina directamente. Siempre se levanta a las dos de la mañana, prende la luz de la cocina, abre su refrigerador y creé sacar algo redondo con sus manos. Empieza a morder y masticar durante unos cinco minutos, hasta que cierra la puerta del refri, hace un gesto amable y se va de la cocina. La he visto muchas veces hacer eso durante todos los años que he vivido aquí en la vecindad. MI vecina es sonámbulo, debe de sufrir mucho la pobre.


Vale
campbellscan@hotmail.com

viernes, 27 de marzo de 2009

Para Equse

viernes, 20 de marzo de 2009

Insignificancias, lo magnánimo.

"Eres un hijo de la chingada"
Me dijo, es lo último que supe de ella; las últimas veces que la vi, supe que las cosas iban mal.
"Que te vienes rápido, no quiero estarte esperando en el restaurancito ese".
¿Adónde andas?, ya te extraño.
Nunca haces nada "por nuestra causa".
Te valgo madre, no tienes madre.
-Pero también según ella, soy un hijo de la chingada-
Finges, pero eres más sentimental de lo que crees.
Pero no, no creo tener nada que fingir, de hecho estos días he sido muy sincero con mis sentimientos, el lío acá es que también soy demasiado alemán.
La veía mientras me decía eso en el café del centro al que siempre voy con todo el mundo, ora para esto, ora pa´ lo otro, mientras el mesero; ese marica que siempre se ríe cuando llego (espero que, no sea-por-el-amor-de Dios- coqueteo) observaba la plática a lo lejos.
¿Cúantas de estas discusiones me ha soportado?
No sé, ni me importa, al final él trabaja ahí y supongo va con su empleo esa situación.
Y es que, desde que me ofreció "continuidad", "constancia" y "entrega", la soledad se ha visto apaleada por situaciones un tanto diferentes pero al clavo con la misma base:
Hastío.
Muchas veces en la vida uno hace elecciones equivocadas; quiero esta carrera que jamás utilizaré, me voy a casar aunque apenas la conozca, me haré el corte de pelo que vi en la revista, escribiré para el partido social-comunista, fingiré que no escuche que debo limpiar mi cuarto o me quedaré a entablar contacto con ella aunque me caiga mal pues está re buena.
En estos últimos veces quizá aprendí unas cuantas buenas cosas, por ejemplo, puedo decir que no tomas cariño necesariamente con las personas más dotadas fisicamente, existen algunas otras situaciones que te ayudan a tomar desiciones, acertadas-o-equivocadas, da igual, pero el resultado o conclusión es que al gusto uno no lo manda, pero si lo premedita.
También últimamente mi desayuno se limita a cuatro cafés, sin cigarrillos pues-maldita-sea no fumo. Un desayuno incompleto de mal viviente.
De pronto los amigos se hacen indeseables, los enemigos dulces objetos de venganzas adictivas, el trabajo necesario, el dinero una medida de capacidades, el futuro menos misterioso y las verdades un tanto mentirosas debido a que todo cambia.
Y es que, creo fielmente que el pasado duele solamente si el presente no existe como tal; la añoranza es entonces una cuestión demasiado vaga:
¿Qué caso tiene desear cosas que no son?
Porque lo que "es" es innegable, no del mismo modo que lo que "fue" porque sufrir por el pasado nunca jamás ha tenido sentido.
Todas las cosas sanan, y mientras lo que viene sea más claro uno pierde las nostalgias por el pasado y los líos de insignificancias tales como el destino.
Ella me dijo tocándome el pecho con la palma abierta y mirándome a los ojos:
"No tienes nada aquí"
Y miente, tengo un corazón, un alma y-una conciencia llena de sentimientos nada mal sanos para con ella.
Puesto que las cosas que se dicen no son maldades.
Decirle que no la quería y que, no podía estar con ella porque se iba a enamorar no fue un acto engreído, fue lo más considerado que he hecho en mucho tiempo; y como muchos saben el tiempo es mi peor enemigo pues, desde hace mucho corro una carrera contra reloj del mismo.
También recuerdo a Elisa, que en alguna época me dijo que yo me hacía muy poco dentro de mis círculos sociales cuando en realidad, esto no me interesan en lo más mínimo.
Ver a tantos y tantos y tantos rostros vanos, a "mecas" que critican a los "demás" o a "esos", mientras creen que te reirás de su espíritu despectivo, es muy entretenido, sobre todo si esos mecas son mujeres con vestidos entallados y escotes prende corazónes.
"Extrañar es con el tiempo, hacer extraños a los que algún día fueron cercanos"
Me dijo mi abuelo algún día que me encontraba nostálgico por mi madre, también lo usé varias veces en situaciones que entraban en el tema a la perfección cuando muchas de estas personas se quedaban calladas mirando al suelo.
"tienes razón".
El mundo se mueve veloz, todos los que no están ahí siguen en algún lado, y los que queremos que no vemos, parece que ya no existen, inclusive los fantasmas queridos como mi abuelo o Sócrates dudan de su propia existencia y son; según Einstein, electromagnetismo.
Muchos discuten sobre si los fantasmas existen o son producto de la histeria colectiva, los solitarios toman desiciones que se unen siempre a totales que nos determinan y nos dan un promedio de lo que todos somos aunque no lo deseemos.
Cuando yo era pequeño, me preguntaba si mi madre existía cuando yo no la veia, si mi abuelo cuando muriera seguiría en realidad ahí para mí, si los cuentos de Archie le habían pasado a ún verdadero Archie y si todo lo que sentimos existía en realidad. (Como el miedo o el viento)
También me preguntaba si existía algún idioma universal en algún sitio de alguna parte del universo.
En el universo la regla principal de existencia es el caos; la calma es equivalente a la muerte o a la inexistencia. Desde niño me decían que yo, era muy calmado.
Veía el cielo y pensaba si la existencia tendría sentido en medio de tanto espacio, de tanta nada.
A la nada lo que le da sentido, según yo, es el algo, todo aquello que dentro de la nada-espacio, ocupa un lugar, sea imaginario o material.
El universo es inmenso, y yo, soy tan poco que si muero ahora mismo al universo no le importa, quizá a otros mínimos como yo si, pero al final no tiene sentido preocuparse por vivir la vida al máximo. Eso no afecta al todo.
Quizá a uno mismo si uno mismo no se aprecia lo suficiente como para comprender que otras cosas en la vida de uno tienen más sentido.
A mayor orden menor entropía, a menor orden menor entropía.
Como me decía mi abuelo cuando me hablaba del caos en el universo:
"inclusive el tener demasiada información sobre el todo puede causar caos; la entropía se basa en el tener datos suficientes, no el todo siendo tan poco"
En ese caso la entropía diría que poca información causa menor entropía y la "muy mayor" información causa aún menos entropía debido a la saturación.
No escuché el resto de lo que ella me dijo mientras me hablaba de lo poco y los nadas en mí.
Pero cuando terminó y se fue dejándome ahí, y con sentimiento de culpa le dije:
"Es maravilloso ser tan poco en medio de tanta nada"
ike

viernes, 13 de marzo de 2009

La reina de Espadas


El Tragasables/La Reina de Espadas

“Y si no encuentras fuerzas para salir de aquí,

yo las sacaré de donde sea y seguiré sin ti"

Me dijiste algo así con voz grave y resignada,

me grabé tus palabras y me vestí listo para comenzar.

Día uno en pie, comienzo a andar,

he de aguantar, lo puedo hacer.

El día dos avanza hasta el final

y llega el día tres, lo vuelvo a estropear.

Así que vuelta a empezar.

Nacho Vegas/Crujidos/El Manifiesto Desastre

para Patri, Principa de Espadas





Porque la vida sigue y porque las cosas cambian.



Pero las calles siguen siendo las mismas. Y la luna, y la luz artificial, y la Alameda. Y todo se mueve en las mismas direcciones, navegando hacia la nada. El sol se desvanece ensangrentado y herido de muerte en un horizonte. La ciudad se acurruca en sus rincones más oscuros, con la mirada vidriosa y el frío a flor de piel, semidesnuda y cansada, con el maquillaje barrido y los pies descalzos. Una puta cualquiera venida a menos: vieja, enferma, triste.



Fue aquí mismo.



Aquí donde se funden el desencanto y la esperanza, donde la hipocresía y la felicidad se besan en algún callejón mal iluminado.



Fue aquí mismo.



Donde tú me dejaste noqueado fuera de alguna cantina, con los bolsillos vacíos y la mirada perdida. Donde me encadenaste a tu miseria y a tus costumbres insomnes, y a tu movimiento pesado y lento. Si… fue aquí. Tú me hiciste testigo de todas las atrocidades que cometes en nombre de ti misma, por tu propia mano. Tú que tienes licencia y permiso del infierno para lastimar. Tú que cargas el miedo en tus entrañas y que devoras el aire cuando quieres respirar…



Si, yo te he visto.



Te he visto romperte las piernas y caer de rodillas, con el rostro ensangrentado. Te he visto morderte los labios de pura rabia y orgullo, cuando el cielo se olvida de ti, y la noche no te nombra. Yo te he visto parir y criar monstruos, y luego abrazarlos y besarlos, y premiarlos con la impunidad del olvido. Tú siempre con prisa y con todo el día y todos los días agendados. Tú siempre maldiciendo a la suerte y apostándolo todo. Llegando tarde, de cualquier modo.



De todos modos.



Cuando estás ebria, y le susurras tus pecados a una silla vacía. Cuando tienes frío y te arropas con las nubes de octubre. Cuando tienes hambre y cuando no quieres caminar, y todo parece frustrarte y gritas desesperadamente que quieres descansar, pero de todos modos nadie te escucha. Nadie se detiene a escuchar.



Yo se que estás muriendo.



Lo se desde que me escupiste la cara y me cerraste la puerta, y me cerraste todas las puertas el día que me fui. Se que lo recuerdas. Se que sollozabas resignada y te aferrabas a no dejarme partir, se que lloraste toda la tarde y encontré en tu mirada el rencor infinito de mujer despechada. Lo vi en tus ojos. Te sentí latir y a pesar de todo volví. Y te encontré tirada y semidesnuda en una banqueta, el frío a flor de piel.



A ti que me has quitado todo, hasta las ganas de sonreír.



Y que hoy eres el único camino que me conduce a ser feliz…



Ciudad de México.



Reina de Espadas.

Pirata
eltragasables@gmail.com

martes, 3 de marzo de 2009

sin título


El insomnio ya me tiene hasta la madre. Reviso el reloj. Las tres otra vez.
Tengo un putero de frío en los brazos y no dejo de revolverme en la cama como el perro que soy. Me duele la cabeza y hace poco apagué el cigarro porque se me mete el humo a la nariz y eso es tan cómodo como abrir los ojos debajo del agua. Los pinches perros no se callan, y eso hace a esta noche más deprimente que cualquier otra. Al menos no llovió. Y todavía tengo miedo de no volver a verte. A eso, después de todos los putos intentos desperdiciados por olvidarte…
Me tienes hasta la madre tú también. Deberías desaparecer como la última vez, en la esquina de alguna calle, mientras yo me tragaba el orgullo y todo lo que era se venía abajo. Te hubiera perdonado, te hubiera perdonado cada “te amo” en vano. Te hubiera perdonado cada “parasiempre” envenenado. Y me hubiera postrado a tus pies con el alma rota y el corazón hecho jirones, resignado, destrozado, medio muerto. Pero te valió madres. Y entonces, cuando a mi me cargaba la chingada tú sonreías tranquila de la mano del futuro, que pintaba todo para ti. Me rompiste la madre. Me rompiste la madre sin pensar que tal vez yo no esperaba eso y si así era, no debía haber sido así.
Me dijeron que hay que superarlo, que hay que perdonar, que hay que olvidar. Puras mentiras de diván. Todos saben de desamores cuando no se trata de si mismo; todos te aconsejan, intentan reanimarte mientras la campana suena y te parece eterna la espera para el próximo asalto. Te resbala la sangre y el sudor y las lágrimas que el dolor sembró en tu corazón. Nadie te pregunta si puedes seguir, si necesitas descansar, si es buena idea arrojar la toalla. Nel. Nadie pregunta. Parece que les gusta ver a la gente sufrir. Y a mi como me dueles. Como me pesan los brazos y como me siento tan inútil, tan desechable. El desamor a veces parece un catarro, siempre te agarra con la defensa baja y te desmadra un rato. Ya todo pasará. Pero, ¿mientras?
¿Qué putas madres voy a hacer con todos los recuerdos? Sobre todo ahora que cada palabra parece mentira, que cada beso me ahoga, que cada caricia me duele. Y tú. No, el del problema soy yo. Yo que le acaricio el lomo a mis miedos, yo que colecciono amores fallidos, yo que soy más experto en aterrizajes de emergencia. Yo que le escribo cartas a la indiferencia. Yo que soy administrador del fracaso.
Y esta maldita rabia que no se larga. Y tantas preguntas sin respuesta. Me siento tan abandonado como una duda en un crucigrama, y ya me cansé de perderte en todas las maneras posibles. Quisiera matarte o hacerte sentir todo el maldito dolor que siento, o poder abrazarte y decirte que todo fue un sueño y que nunca sucedió. Que el pasado no importa, que lo que importa es el presente. Que hay que darle batalla a esta maldita resaca. Que te amo después de todo.
Pero me gana el odio y el asco, y le escupo en la cara a tus engaños…
Pude haberte perdonado.
Pero para que exista el perdón debe existir el olvido…


Pirata



Es lo primeritito que escribí en tod mi vida


detallazo!

viernes, 27 de febrero de 2009

¿Me dormí o recité entonces mis más hermosos poemas?

Soy el doble de la vida, el que nació al instante y murió al mismo, con la noche en la mano y sin nombre.
A finales de los 80´s, discutí con el creador, arrojándome a este mar de cenizas, encarnándome a mi madre, sus manos indispensables para la semilla de mi alma. Mi padre, con el orgullo en los ojos, me enseño lo humilde que es ser un relámpago. La ciudad de México, el almacén de recuerdos para desarrollar mi fe y mi decadencia por las últimas generaciones, desgarradas por la razón y la moral. El mezcal que me provee tanta lucidez ha fomentado en mí una bella estación por la vida. Las letras, mi lenguaje, mi delirio y fuerza, que pervierte la noción, que humedece los cielos, que atraviesa los miedos cabalgando en hombros a la muerte. Y al final río como el viajero en paracaídas al llegar al suelo.

Deudor de las letras ¿Qué esperas? –me pregunto. Un ruido siniestro. ¿Habéis oído?
Y nunca mas deje de escribir, o hasta el día que una palabra deje de cambiar lo real. O muera aplastado por el viento.



Ángel Armenta López. Nuevo EQuse
meshkalina@live.com

Borracho

Caminaba solo, tambaleándose de un lado a otro, con el pantalón de casimir por debajo de la cintura. Son casi las tres de la mañana y ni una risa traviesa, ningún comentario entre vecinas, ni si quiera un fragmento de suspiró enamorado, se emite en la plaza de San Fernando; solo risas alcoholizadas y blasfemias de un catatónico juramento apalabrado.

La vomitada está húmeda y caliente en la corbata, en gran parte del saco y el zapato izquierdo. En una, el último trago de una botella de Jack Daniels y la otra mano se da a la tarea de buscar el cierre de la cremallera para orinar placenteramente en un árbol, de esos que tienen la culpa de ser grandes y bellos. Con una mano orinaba y con la otra hábilmente sostenía la botella recargada en la corteza del árbol. Mientras se orina los zapatos, un perro se acerca a lamerle la punta de uno de estos.

- ¡Lárgate pinchi perro!

Le soltó una patada que afortunadamente esquiva el perro. Perro pintoresco, perro maloliente, perro de buen corazón, perro de taqueria. Perro de la calle.
Ya terminó. Ahora camina en zigzag sobre la plaza, sin un clavo en el bolsillo y le da el último chupe a la botella.

- ¡Vete pinche perro mamón!

El hombre no entiende que el perro se va a morir si no encuentra a un nuevo dueño.
El perro comprende que si el hombre sigue caminando a solas se puede morir con él.

Cuando reconoció el amanecer, se incorporó de la banca en la que pasó el resto de la madrugada y entre los pies sintió el cuerpo caliente del perro.

Extraña sensación de cariño incondicional. Soledad temprana con visita inesperada por la noche. Amistad fortuita.

Es domingo en la plaza de San Fernando y es todo un festín. Los globeros ilusionan a los niños de que el cielo es alcanzable. Los algodones de azúcar endulzan las tristezas. A diez las manzanas de caramelo, a cinco y a siete la nieve de limón, fresa, o mango. Zanqueros y payasos dando toda una fiesta al público. En la zona del césped, los triciclos se vuelven naves espaciales y los astronautas vencen a los temibles extraterrestres de coraza gris.

Han robado cuatro bolsas de pan y se ve movimiento en la plaza.

- Yo lo ví señor policía, era un anciano que salio tan inocente con cuatro o cinco bolsas de pan. ¿Usted cree que con esas fachas pudo pagar cuatro o cinco bolsas repletas de pan? No señor, por eso siempre hay que estar a las vivas mijita; tu que siempre caminas tan inocente por la plaza.

- Si, lo ví señor, camino hacia la plaza, y le chifló a su perro, dijo “¡Borracho, ven acá cabrón! se metió a la panadería de don Jesús. Ese señor ya tiene tiempo viviendo por la plaza y no es la primera vez que pasa esto oficial. No se preocupe yo le avisaré al primer policía que vea. De nada, para servirle a usted.


EL Vale

campbellscan@hotmail.com

sábado, 24 de enero de 2009

Icaro mirando la Luna

Una sofisticada y bien vestida mujer está suspirando a la orilla del barco que irá a América, luce agotada y hermosa, su velo se vuela y ni siquiera voltea, sigue impasible como esperando encontrar algo en el horizonte, un espejo de mano se cae al mar, no quiere verse y no entiendo porqué, es hermosa. Tiene pelo negro y corto, unos labios regordetes y piel pálida como una hoja de papel. Una lágrima se asomaba a sus ojos delineados y su rimel segundos después corría sobre sus mejillas marcando cruelmente el recorrer de su dolor. Sus ojos azules, color agua como las lágrimas que seguro ya había derramado esta misma noche en la soledad de su camarote. El cielo estrellado en el que tiritaban unas estrellas sordas, muchas aún sin nombre. Para mi esa mujer no tenía nombre aún.
Algo ocultaba en silencio, su mirada nostálgica me decía mil cosas: que extrañaba a alguien que quizá no llegó, estaba huyendo, o regresaba de algún sitio, que había sido exiliada de casa como nosotros, que huía de la muerte como fuera que se le acercase. Una cruel enfermedad, una casa silenciosa, un rechazo matrimonial, un engaño de su esposo, un odio en su vida, una enfermedad, locura, depresión, decepción o reciente pobreza, pensé muchas cosas. Eso ya me concernía pues me he enamorado a primera vista de ella.
De cuando el velo voló, llego a mí un poderoso perfume a gardenias, calculo que la mujer tiene de entre 27 y 35 años, yo solo tengo 17 y vengo con mis padres, somos exiliados españoles y juraría que esa hermosa dama también lo es. Así nos trató la guerra, ingrata es, aleja y obliga al olvido, vamos a un país bárbaro, allá no tenemos nada, no esperamos nada.
Sacó un cigarrillo de su bolso, su belleza parecía extinta, pero yo aún veía esas cenizas, limpió las líneas crueles que el destino y el rimel le habían dejado sobre la cara con un pañuelo que igual dejó caer al agua. En tan solo minutos, esa sirena triste de mirada ausente, de fe perdida, sin nombre y solitaria me había atrapado con su canto, un canto llamado llanto. Tan tierna, yo quería ir a sus brazos a que me comiera vivo una y otra vez. Mi madre la vio y la llamó cabaretera, “seguro una dejada o una perdida”, “¿Qué le ves Saúl?, deja la tontería ¿adonde están tus hermanitos?”.
Soy el mayor de cinco, tres hermanas insoportables y un hermano demasiado chico como para serme una molestia, apenas camina.
Nos esperaba un largo viaje y lo fue más esa noche que la mujer sirena desapareció tempestivamente y yo miré como tonto el ancho mar, la curvatura de la Tierra, la nada rodeando mi persona, un mar negro y una lenta marea. Un calor tropical que a ratos traía a mi cabeza el aroma a gardenias de un velo que seguro estará ya volando junto a las estrellas.
Las estrellas, la Luna arriba callada siendo visor y testigo de mis pensamientos más bajos.
Hemos dejado atrás todo lo que mi abuelo cimentó, nos han corrido y mi padre está deprimido tomando vino de amontillado con otros que viven situación similar, “¿adonde vamos?”, “¿qué a pasado?”, América luce horrible ante nuestra imaginación. No sabemos que barbaridades se viven allá, quisiera volver a la casa del abuelo y recostarme en mi cama.
Pero no, estoy en medio del Atlántico en un barco sucio, sin retorno y por ahí una sirena con el rimel corrido que se me ha metido en la cabeza, seguro llora aún.
Entonces soñé con todo lo que dejábamos, a mis hermanas esto les parecía una aventura desconocida, a mi madre el terror de tierras hostiles la tenían muy irritable y yo prefería mantenerme alejado. Mi padre bebía todo el día con un tal José como lo repito de un amontillado terrible.
Esa tarde comimos mariscos y pescado blanco frito, sabían terribles.
En la noche me empecé a sentir mareado hasta que vomité.
A la mañana siguiente la brisa de mar me ha hecho mucho mejor, desayunamos bananas fritas y vi a la sirena más serena, con gafas oscuras bebiendo agua simple.
En el vaso de vidrio deja la marca de su grueso labial rojo y yo no puedo dejar de mirarle. José el amigo de mi padre me sirve de ese amontillado, no se con cuanto cargan, pero empiezo a pensar que han traído para todo el viaje.
La sirena me llama con su aroma a gardenias, ha notado que la miro con deseo y morbo, con curiosidad casi de niño y se quita las gafas, tiene ojeras grandes pero me observa mientras yo le sonrío, después doy un trago torpe al amontillado y no puedo evitar hacer un gesto, seguro le parezco estúpido y muy niño. Pero me sonríe y mi corazón enloquece, me pongo rojo y termino mi plato. Estoy harto del aroma a sal, todo es el mar y ninguna gaviota se asoma, voy a ver el halo de agua lenta que deja el barco, una línea blanca de resaca marítima que se borra a los pocos metros, no regresaremos a casa ya, parecido al cuento de Hansel y Gretel que pierden la pista de vuelta a casa comida por las aves, a nosotros el camino que marcamos se lo come Zeus, nos da el verdadero mensaje. Allá en Asturias ya no somos bienvenidos, adonde vamos no tenemos la menor idea.
Me saco la camisa pues estoy sudando, empieza a anochecer, mi padre aún toma con José se han metido al camarote de ese hombre que va solo, entonces veo a la sirena siendo poseída por el mar negro y la Luna inmensa nuevamente. Y yo me siento a sentir en mi febril cuerpo la brisa del mar, que pasa por todo mi pecho, la miro de reojo, como su cabello es ondeado por el viento fresco, una gota de sudor que baja por su fino cuello hasta partes incomprensibles a mi persona.
Me llama niño mientras se acerca y siento entre coraje, vergüenza y emoción, se sienta junto a mí y ese aroma a gardenias es mas fuerte que nada, no puedo controlarme a mirar su escote y su piel está enchinada.
Soy Penélope- me dice, ¡ya se el nombre de la sirena!
Yo Ike- le respondo disimulando tranquilidad e indiferencia.
¿Me podrías abrazar?- me pregunta y yo miro sus pechos incontrolablemente de nueva vez.
Y yo la abrazo torpemente cuando vuelve a llorar en mi hombro que siente sus cálidas lágrimas bajar por mi tórax desnudo. Siento su pecho contra mi estómago, es cálido y suave, el palpitar lento de su corazón tan fuerte como si me lo hubiera comido y yaciera en mi barriga.
Sus brazos rodeándome, su piel es tersa y de su cabello el aroma a gardenias venido directo del fruto, la escucho susurrar perdones, siento sus labios hablando en mis pezones y estos endurecen. El agua de sus ojos recorre mi cuerpo aún, lleva mucho y no se calla.
Con la parte anterior de su mano limpia sus lágrimas y suspira con los ojos cerrados, se aleja de mí y me toma de la cara, acerca sus labios a los míos y siento su bouquet femenino con un grado de cigarro, me besa dulcemente y después mete su lengua en mi boca.
Después la mano derecha en mi pantalón y empieza a halar.
Se levanta de pronto y me toma de la mano, en la oscuridad nuestras sombras, nuestra silueta se ve desapareciendo hasta la entrada de su camarote adonde me recuesta en la cama y se monta en mí, se levanta su vestido de una pieza y queda desnuda por completo. Acerca sus pechos a mi boca y yo los beso, siento su sexo posarse sobre mis pantalones perfectamente, ella retrocede y me los quita diestramente. La recibo como hombre en la penumbra del camarote diminuto, ella me besa mientras lo hago. Después siento por mi mejilla escurrirse otra lágrima gruesa hasta mi oído, toma mis manos y las lleva a sus pechos para que acaricie su suculenta punta. A ratos mete su traviesa lengua a lucha con la mía tan torpe, besa mi cuelo y mi lóbulo, todo hasta sus lágrimas. Creo que me he enamorado. Soy un torpe muchacho.
Cuando exploto me da un último beso en la boca, de esos de lengua cálida y me deja besarle el cuello por última vez, probé su hipnotizante sudor. Esa sirena me dejó vivo.
Después comenzó a llorar en la orilla de la camita y me corrió.
Yo salí corriendo de júbilo a pedirle a José y a mi padre un amontillado, ya era todo un hombre yo, cuando abrí el camarote emparejado vi a José besando a una mujer en los labios, la mujer voltea. No es una mujer, es mi padre vestido de mujer.
Y fui al camarote de Penélope llorando buscando un abrazo como el que yo le di, pero no está y me quedo llorando ahí solo toda la noche sintiendo un hueco en la barriga enorme, miedo a la oscuridad que aseguraba haber superado ya vuelve repentino. ¿Adonde está mi sirena, esa de la que me he enamorado?
Se aventó al mar esa noche, volvió a casa nadando mi sirena de los labios amargos.
Y el resto del viaje miré el horizonte encontrarla como ella buscaba encontrar algo que nunca supe que era, no dije nada de mi padre ni de José.
Nunca había hablado de esa noche.
Llegamos a la tierra hostil y ahí nos quedamos hasta hacernos parte de ella.
Y siempre que miro el mar, se que la sirena está ahí, sé que se llama Penélope y que está esperando a que yo vaya y le haga la pregunta que jamás hice: ¿por qué llora?



No lo sé

ike

remimargot.blogspot.com

martes, 6 de enero de 2009

Una post data y una canción de amor

Segunda Parte

Destinatarios Equivocados

“el amor se compra y se vende
Se vende y se compra
A la vuelta de la esquina”

Nada de despedidas, nada de amenazas. Sin explicaciones innecesarias, a esas alturas todo estaba demás. Sin tormentos, sin contratiempos, ni lugar a dudas. Ni siquiera el absurdo pensamiento de una vuelta. Ni huella del amor eterno jurado, maldito y olvidado. Solo un montón de basura en un rincón de la pequeña habitación, que ahora parecía inmensa. ¿Quién iba a pensar que apenas seis años atrás ahí mismo iba a empezar un sueño que mas tarde se convirtió en desengaño? Es que las promesas se hicieron para romperse. O al menos es más fácil pensarlo de ese modo, así uno se deslinda de toda responsabilidad por lo dicho o lo hecho. A final de cuentas está en la naturaleza de todos y el significado de las palabras termina siendo solo momentáneo, y no es que olvidemos, es que ocultamos. O pretendemos ocultar, aun cuando nadie es más responsable de lo que se dice, que uno mismo.

Ella, nunca supe su nombre pero tenía un ojo morado; no había que ser un genio para saber que estaba huyendo de algo; de alguien, mejor dicho. Miraba con aire distante los autobuses tras la ventana con el niño entre los brazos, esperando (como yo), que nos llamasen para abordar, pero con un gesto que disimulaba impaciencia. Sin embargo, yo no sabía su destino. Y creo que ni maldita la gana de saberlo. El niño estaba dormido, tranquilo, recargado contra el regazo protector de su madre… Supuse que era su madre, aunque no se, mi imaginación a veces me traiciona y al mirarlos de reojo y al percatarme de la mancha púrpura que cubría el párpado izquierdo y parte del pómulo de la chica, pensé que lo habían secuestrado y que ella había decidido arrepentirse y huir con el chico porque le había tomado cariño; en esta ciudad uno nunca sabe, uno se puede topar con una buena mala persona o con una mala buena persona apenas con salir a caminar un poco. La ciudad que todo lo ve y todo se lo calla, por eso uno nunca sabe.
Bien, entonces la chica tendría alrededor de los 26 años, y era bonita, pero el niño definitivamente no era su hermano.

Después de retrasarse dos veces, el camión partía a las diez con quince, por la puerta que tenía enfrente, y no faltaba más de media hora. Afuera había dejado de llover y la noche suspiraba quieta y agazapada contra si misma, como una mujer tumbada en la cama después de haber llorado incesantemente durante un largo rato. Será que la ciudad se está volviendo vieja y por eso es cada vez más sentimental… o quien sabe, porque también el clima estaba más impredecible que el pronóstico del melate ese septiembre. Así que como quedaba tiempo, decidí asesinar el hambre, que empezó a moverse lentamente dentro de mí, con su contoneo de odalisca que se va desnudando, que va descubriendo delicias inasequibles; sucede que a veces por más que lo quieras, terminas comiendo lo contrario a lo que pensabas, y los sabores imposibles que embelesaban tu lengua se desvanecen al primer bocado. También sucede que a veces las cosas no son lo que parecen. El hambre siempre engaña.
Por eso compré una hamburguesa, con doble carne y papas a la francesa y refresco, paquete completo. No me gusta complicarme. Ni siquiera con estas cosas. Siempre voy a lo básico y que parece satisfacer mis necesidades más próximas; o a lo mejor las cosas complicadas no son para mi, o las evito. No soy cazador de situaciones imposibles, y al igual que muchos prefiero rodear los fracasos e ir “a la segura”, con la conciencia de que de lo único que puedo estar seguro, es de que no estoy seguro de nada. Engañarse no cuesta nada más que un poco de tiempo tal vez, aunque después las ilusiones acaben pagándose con lágrimas devaluadas, y esa es una de las lecciones que la vida se empeña tanto en enseñarnos. Y precisamente una de las que más dejamos de lado cuando todo parece sonreírnos. La suerte es una novia coqueta que te besa y se va con el primero que pase a su lado, que te sonríe insolente mientras se aleja con sus mañanas soleadas, clavándote en la espalda sus nubes negras. Y cuando miras un poco hacia atrás…

El niño se llamaba Luis, Luis Javier creo. Y tenía no más de cinco años. Y sonreía por todo.
Se despertó primero con los ojos como un gato, clavándolos como uñas en la cara de su mamá, y estiró la mano para palpar la huella que un sueño roto había dejado en su cara; la chica también sonrió, o hizo un gesto parecido a una sonrisa melancólica y resignada. Yo los vi mientras pagaba mi desayuno tardío (no era demasiado tarde para desayunar, solo me había retrasado ¿qué? ¿Doce horas?), y resultó que les tocaba ir al mismo sitio que a mi, Guadalajara. Aunque por razones distintas, eso es obvio: yo iba a resguardarme de todos mis demonios y a enfrentarlos con un amor inmenso, y ellos venían corriendo con unos cuantos fantasmas aferrándose a su cuello. Y no creo que hayamos hecho bien en conocernos.
Entonces el niño se llamaba Luis y sonreía por todo. Al principio pensé que tenía una especie de enfermedad mental, una especie de autismo o ensimismamiento porque miraba para todos lados como distraído y señalaba la ventana despidiéndose de alguien invisible diciéndole que ya no volvería, que ya no quería volver y que esperaba que su abuela lo quisiera tanto como él esperaba. Luego sentí que igual que yo se despedía de este lugar. En cierto aspecto ese niño se parecía mucho a mí, sobre todo la torpeza que me caracteriza al ser sutil. Sonreí también, “¡buena por esa!”, me dije a mi mismo. La madre lo miraba condescendiente y con esa paciencia que siempre tienen las madres cuando uno hace algo que no es del todo debido, una paciencia que hasta parece reproche, no sabría como explicarlo, supongo que me entiendes.

Nos tocó arribar, y la gente comenzó a agolparse en la salida, aunque sabíamos todos que terminaríamos saliendo a las diez y media por si algún pasajero se retrasaba en el baño o comprando alguna baratija que le recordara este viaje; yo preferí abordar al último para evitar este tipo de situaciones, ya de por si detesto a la gente y no creía tener el aplomo en ese momento para aguantarla tan cerca. En realidad no eran muchos, pero con unos pocos se puede armar un caos, eso que ni que. Entonces estaba una chica al pie del autobús repartiendo una bolsa con papas fritas, un sándwich y un jugo para el camino decía; aun conservo la bolsa por ahí.
La madre dejó en el portaequipaje dos cajas de cartón y una mochila muy grande, “entonces si se va”, dije para mi mismo y abrí el paquete de unicel que me dieron donde compré la hamburguesa mientras miraba por la ventanilla, “chale, aquí hasta a la hora de comer te roban, ya no hay respeto por la vida”, me burlé. Siempre me burlo de todo, sobre todo lo que me implica a mi mismo pensando que las cosas pueden ser mejores de lo que espero. El niño se asomó por encima del asiento, se quedó quieto, escudriñándome, sigiloso (este jodido niño, ¿qué carajos me veía?). Me sonrió con los ojos, con un cinismo infinito, como las personas que te arrojan al abismo y se percatan de que hayas caído hasta el fondo; y dijo “yo soy Luis, mucho gusto”. Estiró la mano y me le quedé viendo esperando que se notara el gesto de “esfúmate” en mi rostro. Pero no se esfumó, únicamente me preguntó “¿Te vas a comer todo eso?”, con una expresión casi artística, sin retirar su mano impasible que oscilaba enfrente de mi. Le devolví el saludo y le dije “puede que si”.
Se escuchó como se encendía el motor con un leve zumbido, y el chofer dijo “pasajeros con destino a la ciudad de Guadalajara, muy buenas noches, mi nombre es zhhzhhihiuh y hoy voy a ser su shfzszz, que tengan un buen shzfhsd”.
Juro que iba a devorar esa comida, juro que nunca me había sentido más hambriento e incluso omití el rito de exprimir los sobrecitos de cátsup encima de las papas, pero el chico no dejaba de verme, maldita sea. Sabía lo que sucedería después. Le pregunté por el refrigerio que nos habían dado al subir y observaba como nos íbamos deslizando por las calles vacías del norte de la ciudad, evadiendo sus pupilas inquisidoras, y él me dijo sin ambages “Ah, ya me lo comí, es que era bien poquitito y yo no había comido nada”. Por dios, que alguien mate a este criminal, pensé. Podía sentir sus ojos clavados en mí, arañándome la conciencia, y le dije por fin “¿Quieres?”, a lo que él respondió magistralmente “¿Qué?”. Carajo. Era un niño, manipulador y abyecto en sus deseos, como todos, pero él era un niño. Con su sonrisa limpia y sus días por delante, y las imágenes vívidas y la inocencia fresca; e iba a comerse mi hamburguesa. No había que decirnos mucho: yo estaba en sus manos y él en las mías, así que como quien no quiere me dijo “está bien”. Y se llevó el paquete de unicel. La madre estaba recargada en el cristal y yo estaba esperando que el chico se portara bien y me devolviera al menos la mitad de cada cosa. Escuché al niño decir “¿quieres una mordida?” con una ternura indescifrable, a lo que otra voz contestó al instante “Pero nada más poquito”, y entonces empecé a despedirme de mi desayuno tardío. Pero el chico me devolvió las papas cono el pretexto de que “están frías y frías no me gustan”. Nunca he sabido si es inocencia o cinismo lo que caracteriza la forma de actuar de los niños, casi maquiavélica, casi tan cómica y dramática al mismo tiempo. Me preguntó que a donde iba y le dije “a Guadalajara”, y contestó “¿A visitar a tu abuela?”. Genial, mi abuela había muerto hacía ya 17 años, y yo no había tenido al menos en los últimos 6 meses un respiro para pensar en eso, parece que se nos desvanecieran momentos o nos enredemos de manera incongruente en el presente tan absurdo, al menos a mi me pasa.

En la escuela le decían Javier, y eso a él no le gustaba; pero él ahora ya no iba a ir a la escuela porque él le pegaba y la escuela estaba cerca de su casa, por eso ya no iba a regresar, y tenía la decisión firme de quedarse a vivir para siempre en un lugar lejos del dolor y de los brazos llenos de moretones (la madre dormía tranquila en el asiento de enfrente). Él era una mala persona y por eso ya no lo quería, y nunca más iba a volver a quererlo, porque alguien que les pega a los niños no merece ser querido. Lo decía “Calcetín con Rombos Man, el de ’31 minutos’, ¿si lo has visto?”.
Me pregunto a donde vamos, atravesando la vida con la violencia como estandarte, con las agujas punzantes en el corazón y en la piel, ahogándonos en este pantano de esperanzas rotas y fé perdida. A decir verdad yo también estaba huyendo de algo, con la prisa que llevan los desterrados, con la nostalgia de los olvidados. Y mientras Luis Javier dormía, intentaba explicarme el porque nos equivocamos al poner la dirección de nuestros sueños con destinatarios equivocados.
La chica que no se si era su madre sollozaba en silencio, con el peso de las culpas sobre sus pensamientos, el niño era inocente de todo y le había tocado pagar parte de las deudas que tenía con su destino, por el simple hecho de equivocarse al calcular la distancia entre las ilusiones y las pesadillas. Cuando es de noche en la vida todo parece igual y entonces uno se conforma con lo más conveniente. Tal vez el chico era inesperado y ella demasiado estúpida. Tal vez el hombre que los violentaba empezó a sentirse tan vacío que se convirtió en un poseso de la ira. A veces nuestros propios miedos nos transforman en bestias heridas que se lanzan ciegas sobre lo que pensamos son otras bestias, y lastimamos a diestra y siniestra por el simple hecho de ver como sufre alguien, Dany hace poco me dijo que cuando nos lastiman buscamos irremediablemente lastimar… De todos modos, hay que mirar de vez en cuando para atrás para que no vuelvan a cometerse los mismos errores, porque si la historia se repite es que no se ha aprendido nada.

Espero que Luis nunca tenga que enfrentarse a la ceguera que nos causan los dolores, a la rabia ciega que nubla los ojos y nos inunda la garganta de gritos y desesperación. Espero que no se lastime a si mismo. Y espero también que las semillas de violencia que le sembraron en el alma no lo despierten como el aliento de un fantasma en mitad de la madrugada sin poder recordar apenas nada…
Más de lo menos
Más miedo que rabia
más rabia que inteligencia
más inteligencia que huevos
más huevos que historias
más historias que sueños 

¿soñar con quién? 
¿a vos quién te sueña? 
¿soñar lo qué? 
¿a vos qué te sueñan? 

Más roña que sangre
más sangre que tumbas
más tumbas que cruces
más cruces que cristos
más cristos que fe
más fe que justicia 

¿justicia de quién? 
¿quién te ajusticia? 
¿justicia lo qué? 
¿cuál justicia? 

más hambre que nunca
más de lo menos
más más hambre que nunca
más hambre que alegría 

más mudos más ciegos
más sordos más viejos
más acostumbrados
más empantanados
más de lo de ayer
más desorientados
¿adónde correr en este bodoque
tan muertos de sed y cuidando el
cogote? 

más hambre que nunca
más de lo menos
más más hambre que nunca
más hambre que alegría

Los Caballeros de la Quema
"La paciencia de la Araña"
☠PIRATA☠
eltragasables@gmail.com

viernes, 26 de diciembre de 2008

La Luna está contra el paredón

La Luna está contra el paredón,
Tiene mil ojos brillantes,
Parece una araña

Malévola, negra.
Mira, mira y mira,
sonrie y mira.

Su brillante frente
amplia, brillante,
plana.
En las mesetas ella
está.

muestra mil veces su sexo,
sus miles de ojos,
su negra boca.

La noche es infinita

Dios es un buho
Dios es un lobo
Dios es diminuto...

ike

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Pasta con salsa de tomate y menta.

¡Quítense mi mala vibra y cocinen! (si es que lo hacen decentemente, si no, revuelquense en su porquera que yo no lo haré para nadie)
Acá la receta de la pasta con salsa de tomate y menta...
Necesitamos:
Paquete de pasta tipo espaghetti.
Dos tazas de agua.
Tres pizcas de orégano. (la pizca la da el sazón y sentimiento en el momento de cocinar)
Ocho hojas de albahaca.
Un kilo de jitomate. (ojo no de ese que hacen crecer norteamericano Taaan guapo, de los normales, los "feitos")
Un cubo de consome de pollo (aunque no lo crean, caldo NO)
1/4 de mantequilla.
3 hojitas de menta.
1 diente de ajo.
media cebolla.
Alcaparras (opcional, solo si les gustan)

Se ponen a calentar las tazas de agua en una olla, añaden el orégano y esperan a que el agua hierva. (hierva, no hierba, jaja. Quizá si ¿Por qué no?)
La pasta ojo: no se debe quebrar, eso es de fiesta para mil personas, jajajaja. La pasta debe meterse en la olla poco a poco, con la mano se detiene sumergida en el agua, hasta que la parte inferior se hace dócil y entonces la superior se puede hundir sin el menor problema.
Esperar hasta que la pasta esté al dente (término italianísimo que entiende a que: la pasta se corta con el diente sin menor problema. Está cocida en su punto exacto.) Para lograr esto no se requiere más que paciencia y la constante vigilia de no más de quince minutos, en los que sabremos que está perfecta pues toma un color nacarado, se muestra curva y si se quiere probar se puede pegar a la pared aventándola.
Para la salsa de tomate con menta:
Se lavan (obviamente) bien los tomates, se desinfectan (no importa que después los expongamos al fuego)y se parten en cubos pequeños.
Si estos tienen mucha semilla se retira lo que más se pueda de las mismas.
En el sartén se coloca la mantequilla, la cebolla picada finamente, y el diente de ajo trozado en dos partes. Este último se presiona constantemente hasta que la cebolla se acitrona. Después se retira y se agrega el tomate con el cubo de consome disuelto con la simple presión de la mano.
El caldo cafe que se hizo en la pasta se retira completamente, la salsa se tornará densa, no debe tener consistencia acuosa puesto que de este modo se logra perfectamente que la salsa se adhiera a la pasta.
Despues agregamos cortadas en juliana a la salsa la albahaca y la menta, tras treinta segundos (ojo, debe ser poco tiempo) la pasta en su totalidad y envolvemos con una pala de madera.
Al final se agregan las alcaparras (opcionales) y se integran a la pasta que habrá tomado a la vista una imagen muy favorable.
Al final se sirve en un bonito plato con un vinito o un jugo de sabor amargo y fuerte.
Esta pasta se lleva de maravilla con el queso parmesano aunque no es para nada indispensable.

¡Disfruten!
au revoir!!!

ike
diegrocker@att.net.mx

Ike es solo una buena idea.

Los silencios largos a veces no matan. _Algunas veces hacen bien al alma.
Esta tarde recibí una carta anónima.
Estaba ahí en mi cuarto cuando llegué: "Estaba en el buzón"- me dijeron.
Esta carta no callaba nada (hubiese preferido que lo hiciera), me decía entre muchas cosas que no soy "el mismo" desde unos siete meses para acá. Que la gente no me interesa, que le gustaría ver a ese del cual le gustaba aprender cosas, que a la menor de cambio sacaba un instrumento y componía o iba en las calles componiendo versos del todo y la nada.
Que le gustaría creer que aún sigo defendiendo lo que creo y que me apasiono al hablar de ello, no como "hoy" que cuando alguién minimiza mi ser solo río irónico y me quedo mutis.
Hace dos días salí de casa y cuando vuelvo (por el asunto de la tal entrevista) no me da gusto.
Lo días fuera de "casa" siempre me sientan bien, me dan "tiempo" para "pensar" bien las cosas.
Siempre me quejo que no sé que carajo hago, que solo quiero escribir, blablablablabla.
Hoy tengo más que nunca esa certeza.
Digo compañeros:
¿Qué chigados diré en una entrevista que ni me interesa?
Solo vendrán a decir:
si, este pana es un ejemplo y se va a ir al cielo por ser un dulce.
Ni uno, ni lo otro, ni las risas o disgusto que les vaya a crear esto que leen.
De verdad me jode lo que sucede.
Yo soy demasiado simple: escribir.
no pido más.
ni una vida ostentosa ni las cosas, ni la fama, ni que todo se haga oro o muy "re lindo".
Solo pido tinta, y si no la tengo como dice mi amigo pirata (con sangre escribiría usted si tuviera que) algo en lo qué escribir.
Ultimamente la ciudad no me sabe mucho, IPCSA es un barco a la deriva y yo el próximo capitán que no podrá bajar de ella. En el periódico las cosas no van muy bien, casi no tengo tiempo para consolidarme y capacidad la tengo, me lo dicen. Mi lio es que siempre termino a las horas del periódico completamente exhausto.
Mis demás trabajos los recuerdo cuando me llaman: ¡Ven!
y ahí va ike con cara de tonto escuchando en el metro las canciones de la onda "retro" españolas o a los panas que se encajan vidrios en la espalda y sangran.
Y por momentos vienen cosas de mi infancia cuando las escucho y no me puedo creer que la misma basura agradable sea tan amena en todos lados.
Disculpen pues este escrito está hecho sobre todo para los que me conocen.
Pero quizá me parece divertido más quejarme que decir cosas re lindas todo el tiempo.
Escribo, escribo, escribo, escribo.
Esperando que el recorte del año me traiga algo decente.
Algo que me pague la pérdida se Saúl.
Ike
diegrocker@att.net.mx

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Soy el peor vagabundo del mundo

Siempre presumo de mis cualidades de supervivencia, siempre presumo de todo... _Soy pues el engreído más grande que te puedas encontrar en todo el mundo. Eso me parece bien. Me gusta ser TAN odiable.
Con esa pequeña frase tan estúpida y adolescente comienzo mi nuevo escrito en el ¿EQU SE? debido a que mi gripe me tiene hasta la madre (Si, esa fue otra frase estúpida y adolescente).
Creo que difícilmente acepto la idea de fallarle a alguien siempre se me da (por motivos que aún no logro ubicar ni eliminar de mí) tomarme personal el bienestar de los que considero míos.
Sin embargo hoy mandé todo al diablo debido a que desde mucho quería algo que hoy se me pudo dar y por ello fallé a medio mundo estando yo, en este mismo instante con una cara de satisfacción que no me cabe en alma. Puede que me acostumbre a hacer cosas por mí.
Siempre alardeo con medio mundo que seré un gran vagabundo algún día, pero también me di cuenta que para ello me falta mucho camino. Hoy actué como una completa nena (sin desear, por favor, meterme en líos de género, abordándolo solamente con la intención de usarla en el sentido general que todos usan la expresión [no por ello está bien] como revulsivo a cuestiones de cobardía o delicadeza) al intentar quedarme en la calle a dormir vagabundeando.
Sin embargo un vagabundo no tiene Big Tasty´s de McDonald´s, no ingerí monas (dícese de la droga en la que se utiliza, tinner, activo y un trozo de la llamada estopa) y lo más extremo que hice fue llevar hierba y un mezcal llamado "Soñador".
Y me jodo, aquí unas listas de algunas otras cosillas que un vagabundo no hace generalmente que yo si hice:
*Usar ropa térmica
*Casa de campaña
*Comida de McDonald´s (el lío es que no fue sacada del bote de basura)
*Hierba en pipa fina
*Tennis térmicos
*Cosaco italiano
*Teléfono celular para describir la experiencia
*Cobijas térmicas
*Cartera con dinero
*Estuve medio sobrio y con un equipo de panas para "cuidarnos"

Si señores, soy el más triste vagabundo del mundo y me apena aceptarlo.
Quizá ese sueño jamás se me cumpla.

ike
diegrocker@att.net.mx

viernes, 14 de noviembre de 2008

Zapping ( Ni en la TV)



Zapping

Hoy es lunes, son las 10 de la noche, apenas regreso del trabajo y no hay un carajo en la televisión. El televisor es viejo, hay que pegarle para que se vea bien la imagen, la antena esta pelada y no sintoniza bien los canales; me da igual, me caga estar sentada aquí todas las noches practicando zapping. Ando descalza, los tacones me punzaron todo el día.

Mi trabajo implica un grado nulo de diversión, pero al igual tengo que sonreír todo el tiempo, es parte del contrato.

-Hola buenas tardes, le atiende Rebeca, ¿en que puedo servirle?
Dahh

Es cansado tratar de ser feliz cuando uno no lo es. Pero parece ser que si primero te pones desodorante, compras salchichas, luego usas una crema para ser totalmente bella y después te compras una lavadora, tienes que ser muy tarada para no ser feliz. Maldito televisor.

Vivo sola, con mi gato, Pirata. Perdió un ojo cuando una señora alérgica a los gatos le patio en la cabeza. Lo encontré casi muerto. Ahora esta fregando que quiere comer, me hace sonreír cuando ronronea en mi vientre.

Me estoy quedando dormida con el control en la mano. Cuando abro de nuevo los ojos y le cambio de canal, pude verme sentada dando las noticias de finanzas, me espanté. Cambié nuevamente de canal y esta vez yo era un asesino a sueldo apuntándole en la cabeza a un hombre, cambie otra vez desesperadamente de canal. Cada canal que sintonizaba me veía cocinando, jugando, cogiendo, riendo o llorando. Me di cuenta que eran recuerdos, todo lo que había vivido hasta hoy, lo veía en el monitor.

Entonces fui por un plato de cereal "choco-loco", y me puse a reír bastante cuando estaba viendo mi cumpleaños numero 15. Mi papa estaba menos calvo, y yo era muy feliz con mis amigas Verónica y Liliana. Extraño vivir esos tiempos de secundaria.

Cambié de canal y vi. a Guille. Ese hijo de puta que solo me usó para tirarme y tirarse a otras cuatro chicas del colegio. Se acostó con mi mejor amiga de la prepa y la embarazó. El muy cabrón se fue a vivir al gabo, para que nadie supiera de él. Esos recuerdos me llenaron tanto de coraje y tristeza, yo lo amaba, pero el solo me usó como su muñeca.

Tomé el control y así empezó todo...

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Empecé a borrar del televisor a cada recuerdo malo, borré a Guille. A todas esas personas que me hicieron algo malo, que me crearon temores, que me hicieron llorar, que me hicieron odiar.
Tenía el control sobre mi memoria y sobre mi pasado. Ese pasado que se aviva cuando uno recuerda.
Fui por una libreta y entonces hice una lista sobre las personas que había borrado.

Me costó tanto borrar a una persona en especial: Chuck. Un amor no correspondido, de esos que se dan en todos lados y en ninguna parte. Él era especial( !que cliché!). Me quedé en ese canal un buen rato, viendo sus risitas bobas, su cabello largo todo enmarañado, de ojos profundamente claros y el tacto de sus manos. Recuerdo a menudo su olor fresco. El tipo era un tonto junkie, pero era el tonto junkie que yo quería a los 18. El árbol de chicles, jugar escondidillas, ponerles conversaciones a la gente que hablaba en la calle, las platicas infinitas en el metro, jugar con anuncios de publicidad, pintarnos bigotes y tirarnos en el pasto. Confundí su cariño con el mio.

Cuando lo , los ojos se me hincharon y quería llorar, pero no lo hice.

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Y aquí hice una pausa...

Lo borré por que fue culpa de mis padres que me mandaran a estudiar a la capital y yo no tenia la culpa de haberle conocido. Por que lo conocí de la manera inadecuada y en el tiempo inoportuno. Por que me amaba, cuando mas necesitaba ser amada. "Ámame cuando menos lo merezca, porque será cuando mas lo necesite". Por que me hacia caricias que de ciegos conciernen. Los ciegos ven y sienten el corazón. Por que no fui tan valiente como él para decirle que lo amaba, con la sincronización de mi mente y mis sentimientos. Por que se bien que era mi alter ego. Por que me arrepentí de no haberle llamado por teléfono, seguí mi vida. No lo hice, nunca le llamé después, mi ego era mayor.
Después de todo aprendí la lección, amar es dejar todo.
Lo siento, confundí.
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Ya no le recuerdo...
Así decía la lista:
PEDRO
RUBEN
YAIR
SOFIA
EL TIO BONI
JOSÉ
PERLA
GUILLE
CARLOS
MARIA
EL PATAS
CHUCK
Y anoté mi nombre.

Cuando cambié al siguiente canal, era yo en mi misma. Me estaba viendo através del televisor y también veía a Rebeca por el monitor. La imagen se reproducía infinitamente en la pantalla.

Eso me dio mucho miedo, desconecté el televisor y me dormí con mucho temor en el sofá.

A la mañana siguiente escuchaba el maullido de pirata muy lejos, me chupó la oreja...
¡ay pinche gato!, ya me despertó.

Recordé el sueño que me pasó anoche, empecé a buscar una libreta como loca por toda la sala. Que bueno que no la encontré. Prendí el televisor y el estúpido de Bob esponja se reía con Patricio, cambié de canal y encontré comerciales para bajar de peso. ¡Que alivio!
Me preparé un café y le di de beber su leche a pirata. Me arreglé para irme a trabajar, muy contenta de que solo fue un sueño. Si, eso fue.

En camino al trabajo, encontré un casset en el coche que decía: ROCK 90s y le puse play en el stereo de mi auto.
El carro anda desvielado, debo de llevárselo a mi papa para que lo mande con su amigo el mecánico.

Se puso el alto mientras circulaba por una avenida principal y al mismo tiempo cantaba Smells Like Teen Spirit de Nirvana y en ese momento se encimó otra canción en la cinta: Wonderwall de Oasis. Sentí la presencia de un estúpido junkie en el asiento de atrás, me llegó un olor a fresco y escuché una risita boba. Abrí la visera del carro para ver quien era y cayó un pedacito de papel de cuaderno. Se pone el verde en el semáforo. Todos pitan el claxon con histeria por que llevan prisa, están en su derecho. En estos momentos estoy llorando de alegría en medio del trafico que he generado, leyendo un nombre que está escrito con mi letra, que nunca podré recordar y que aun sigo preguntando a la gente si conoce alguna persona que pueda responder por el nombre de Chuck.
El Vale

lunes, 10 de noviembre de 2008

Pan de TECATEs

Aca como lo prometido es deuda, yo ike el repostero les daré una joya de la reposteria demasiado sencilla y harto rica, con TECAMINA, un postre de reyes y patanes. disfrutenla es demasiado sencilla. (ojo la levadura de la cerveza hará que el pan crezca más de la cuenta, no lo pongan a tope en su molde.

Ingredientes:
1 kilogramo de harina de trigo
3/4 de azúcar mascabado
2 cucharadas de polvo para hornear
6 Cervezas TECATE de lata. (medida oficial)
1 barra de 5oo grs de mantequilla

Preparación:

En un tazón se ponen el azucar, la harina de trigo y el polvo para hornear; el caso aquì es que cuando sobre esta mezcla se coloque la cerveza TECATE se haga rápido, es importante que se haga 1/4 parte de cada lata espuma de esto depende la velocidad con la que se sirva. Se debe batir con las manos puesto que la temperatura de las mismas ayuda a que la masa se logre completamente. se mezcla de forma envolvente, de afuera hacia adentro. Aunque no lo crean al final obtendrán una masa chiclosa; misma que se debe colocar en distintos refractarios o uno que almacene toda la mezcla con al menos cinco centímetros libres para que el pan crezca. A la mezcla servida en el refractario (previamente untado de mantequilla para que el pan no se queme ni se pegue) se le agrega encima la mantequilla derretida. Ojo no se revuelve, solo que la mantequilla caiga sobre la superficie de la masa cruda.
Al final se mete al horno a 180º (Centígrados no kelvín ni Fº jajaja) durante aprox 45 minutos; aunque es importantísimo decir que todos los hornos cuentan cos distintas potencias así que los tiempos jamás serán los mismos en cada horno (si, los engañan en los programas de cocina y muy bien) por lo que recomiendo que con un palillo cada cierto tiempo se intrduzca la punta hasta que esta salga seca y el pan tenga una consistencia esponjosa.
Debido a la naturaleza del pan que debe quedar con un color algo obscuro y consistencia a la vista crocante por el azúcar mascabado (la cafecita), es importantísimo mencionarlo: este pan se debe comer frío. Caliente no toma el sabor que debiera.

Así que
Amantes de las TECATES
ahí fue mi receta
esperando disfruten hacerla para quienes más quieran.

ike (el repostero, así es.)

diegrocker@att.net.mx

jueves, 6 de noviembre de 2008

El Silencio

La lluvia está cayendo lenta, limpia las hojas de los árboles inmóviles, moja la tierra, inunda unos cuantos lugares. Algún periódico olvidado por don nadie que se hace maché.

Es fría, está viva a pesar de eso, se lleva de algún sitio la energía eléctrica, deja en penumbra casas, algunos ánimos también.

Hace que los vidrios lloren, que los gritos del neurótico en el tráfico se ahoguen, que los sanos se resfríen, se unen a las fuentes de manera hermosa, a las lágrimas de algunos también; a estas lágrimas las esconden, y esas personas que lloran debajo de la lluvia se ven hermosas. Pero nadie sabe que lloran.

Quién sabe cuanto silencio guarda en sus corazones, por qué caminan tan lento; cómo sus ojos están lloviendo a priori del clima, nadie sabe cuánto tiempo llevan así.

Demuestran que es posible estar sumergido en silencio de tumba a pesar del tráfico, de la lluvia que choca contra las láminas de alguna casa pobre, del ladrido del perro que está todo mojado y apestoso; de sus mismos murmullos.

De que su cabeza esté repitiendo:

“no puede ser”.

Del vendedor del periódico debajo de la lluvia:

“¡prostituta muerta; amanece colgando de los columpios del parque central, extra, extra!”

De que pasan por el puesto de comida vacío del centro:

“¡pase, pase!”;

Y de que los policías de tránsito estén pitando sus silbatos. De que una ambulancia pase a toda velocidad con la sirena encendida.

Por eso la lluvia es una buena máscara, esconde la tristeza de las lágrimas como nadie, permite que los amores imposibles sean sufridos, las despedidas memorables, los silencios devastadores y la soledad fría como las mañanas de cualquier invierno.

Se vuela la helada de la boca, sale humo que no es más que física de temperatura, pero un niño imagina que cuando llueve, sus palabras se hacen visibles, que el humo que ve son sus palabras: “mamá, papá, hermano, perro, Ignacio” y las ve a todas salir de su boca, desapareciendo al poco tiempo entre la tormenta insensata. Es un niño muy bello, pero igual cuando crezca será uno más del resto.

Lo sé porque yo lo he creado.

Pero no vengo a hablarles ni del niño, ni de la lluvia, ni de las personas que lloran debajo de la lluvia. Tampoco de las gotas sucias que caen de los árboles, ni de la puta muerta del periódico, ni de cómo este se hizo papel maché.

Vengo a hablarles de un taxista llamado Sergio: moreno, gordo, con una familia de cuatro hijos y esposa. El tiene 45 y está sentado en medio del tráfico pensando que el cielo está horrible, todo gris, que lleva poca cuota hoy, que está harto de la vida que lleva. Que lleva todos a su sitio, que él no sabe adonde va.

Es un taxista que no sabe qué rumbo tomará su vida, que tiene hambre en este momento, que su radio no funciona bien, le reproduce dos estaciones al mismo tiempo.

Que ve la foto de su madre fallecida en el retrovisor y quiere un abrazo de ella.

Sus hijos mayores, dos varones de 19 y 16 van mal en la escuela, él no quiere el mismo futuro que él tuvo para ellos. Beben casi diario y llegan torpes y olorosos a tratar de disimularlo.

Alguna vez que los regañó, le gritaron cosas terribles, no sabe si ha sido tan mal padre, pero intenta lo que está en sus manos.

Es infeliz, por eso está siempre de mala gana y su esposa no lo entiende, no le ayuda a hacer más amena su vida, al menos recibiéndolo con una sonrisa o un pequeño abrazo.

Su hija tiene doce y anda de novia con un patán que se tiñe el pelo de rubio, trae escapularios de miles de santos y trabaja en un taller mecánico.

“Ojala que mi hija se fije en otro”, piensa.

Su hijo más chico es un estudiante regular de primaria de ocho años que llora de todo.

Pero aún así los ama, de que sus hijos mayores se embriaguen y alguna vez le contesten feo cuando los regaña, de que su hija le diga que no sabe él qué es el amor.

Sabe lo que es el amor y el fin del mismo, pero igual ella no entiende.

El único que aún lo adora es su hijo menor, pero igual sabe que le espera lo mismo de los demás de él en un futuro.

Recuerda cuando su madre lo descubrió fumando marihuana y lo corrió de casa, no fue grave, pero le llamó opresora, ignorante, se enojó mucho con ella.

De nada le sirvió tanta bobera en medio de libros de filosofía, acá los pasajeros no quieren escuchar del súper hombre de Nietzche, ni de los problemas universales, ni de utopías, la vida le pegó duro y sin avisar. De las finolis pláticas bohemias hasta la madrugada con tequila que tenía con sus amigos, terminó llevando a personas de Pino Suárez hasta Vértiz, cientos de pasajes a Chabacano, lléveme al Hotel Marconi en la calle de Héroes.

Muchas veces lleva a gente que jamás vuelve a ver hasta su casa; me cobraban menos le dicen también.

La radio lo empieza a volver loco, se ha dado cuenta que pitando el claxon miles de veces no moverá el tráfico.

Quiere un abrazo de su madre, pedirle una disculpa, decirle que entiende ahora todo, como un día lo harán sus hijos, del mayor al menor.

Pero igual no ve con sus propios ojos cuando lo hagan, como pasó con su madre.

Dos horas varado aquí por un atropellado que yace tirado porque la ambulancia no llega aún. Tiene un pie quebrado y yace boca abajo, muere lentamente y la gente lo mira con curiosidad: “¡no lo toquen!” dice un hombre calvo, déjenlo respirar. Pero el chico atropellado quisiera que también alguien lo abrazara, tiene frío, dolor y miedo.

Le pegaron en el hígado y le sale sangre de la boca. Sangre que corre en la corriente de la lluvia y se hace rosada, se dispersa hasta llegar a las coladeras, dibuja una línea como de humo que sale de su boca, una línea de vida sangre, no son palabras que se ven como las del niño.

Es su alma que se le sale.

El señor del taxi está cansado, ya quiere llegar a casa, es mucha gente ya, muchas caras desconocidas, no conquistó el mundo divagando como soñaba hacerlo. Quiere que alguien lo bese en la frente, le digan que tenga calma, que todo va a mejorar.

Pinche lluvia, no se detiene.

Y se sale del carro a mojarse todo el cuerpo, comienza a llorar.

Entre toda el agua que escurre por su cuerpo, la que sale de sus ojos es cálida, y también suspira como niño, pero su alma está completamente callada.

Me he equivocado, entonces si hablo de las personas que lloran debajo del agua.

Les pido una disculpa por ello...




Quiero agregar algo: Recién descubrí que Ter Li Dum está incompleto, me ha faltado un cuento llamado "Crudos y casi vivos" que estaba en el boceto original del Ter Li Dum.

Debo escribirlo y ver qué hago despuès...


Diego ike


icaro-triste@hotmail.com

miércoles, 5 de noviembre de 2008

De penales y de Guarjol

Te mira, la miras. Silencio. Ninguno de los dos se atreve a decir apenas nada. Simplemente se observan, tus ojos dentro de los de ella y los de ella dentro de los tuyos, reflejándose infinitamente. El tiempo parece detenerse.
Dos latidos, casi al unísono.
Dos sonrisas.
Un segundo.
Afuera suena la ciudad, afuera; adentro suena su corazón en el tuyo, el tuyo en el de ella.
La luna besa la acera.
Sus manos tiemblan entre tus manos, tus manos tiemblan sobre las de ella.
Su aliento es tu aliento, y de repente todo es aire y luz y miradas y miedo, vértigo. Nada que pensar…
Ella ve tu corazón. Tu ves el de ella.
Dos segundos.
La magia de sus labios, el aroma de su pelo, las formas de su rostro. Su respiración tibia: tan cerca, tan posible, tan real.
Solo habría que levantar los brazos para alcanzar ese cielo…
Tres segundos.
El tiempo espera. El tiempo se va.
Casi respiras de ella, sus ojos se cierran, sus dedos náufragos se aferran a la costa de tus manos.
Todo es mejor con los ojos cerrados y el corazón abierto, y esta oscuridad disipa tus dudas.
Te entregas al beso. Tan cerca, sin tiempo, sin espacio; silencio, que se suspende como equilibrista en el vacío…

Y suena el despertador.

La luz zozobra en los retazos de madrugada que aún inundan las calles, y te desayunas el viento azul que va mordiendo el cielo. No recuerdas nada, solo tienes la vaga sensación de que todavía no despiertas del todo, pero piensas que más vale que lo hagas porque tienes cosas hacer, aunque no sabes si mas importantes que verla caminar hacia ti; sin embargo por el momento “todo a su tiempo” piensas. Todo a su tiempo, y a su espacio.
Después de todo hoy la verás y algo detonará esas minas de ilusiones que quedaron enterradas en el fondo de tu alma, que sobrevivieron al contacto con la realidad, porque no es sano dejar de soñar. Sabes también que no debes confiarte en los sueños.
Lo sabes todo, pero, ¿qué más da? No todos los días uno puede permitirse sonreír al evocar una sonrisa…
“No te vayas a equivocar”, te repites a ti mismo, te convences de que esta vez nada puede salir mal.
Las palabras te castañean en la mente, y te bebes las horas de sol de un solo trago. Apuras la mañana, esperas impaciente la tarde, la noche a la luz de sus ojos.
Hasta tus miedos tienen miedo.
Se nubla el mediodía, hace frío. Tiembla tu mirada a todos lados.
Te sientes tan patético, tan vacío, tan estúpido. Con las manos húmedas y la boca seca, y el estómago hecho nudos y la garganta áspera. Y sientes que no llegará, que no llegará nunca.
La palabra nunca ya no te gusta.
Y el tiempo. Un minuto tras otro, tan lento que muerdes el vacío desesperado. Y ella aparece al final del andén, con su vestido negro y sus mallas blancas, y su cabello suelto, y su perfume tibio; “tu rostro, tu paso largo, tus manos y sin embargo todavía no lo creo”, te grita Benedetti en el oído. Solo ella, nadie más.

¿Cómo explicarlo? Estás solo. Frente al arco. La vida te regala un gol.

¿Será porque perdemos el control cuando todo parece tenerlo? ¿Será que nos devoran los fantasmas si les dejas un resquicio para pasar? ¿Será porque si “la historia tiende a repetirse”, es porque no has aprendido nada? Nada que decir. Si es que todo es cuestión de interpretación, pero no puedes entenderlo, hasta dudas ahora de lo que quisiste decir. Solo la ves alejarse entre la gente, sin voltear a verte. Fallaste un penal. Un penal. Era lo peor que te podía pasar cuando eras niño, cuando nada de esto importaba. Fallar un penal. Así de avergonzado.
Con el coraje calentando tus venas.
Así de desconcertado.
Con la confusión cayendo sobre ti como granizo.
Sube al tren, y no la detuviste. La dejaste ir sin explicarle; ¿explicarle qué? Quizá deberías entender primero tú.
La historia es así. Ella es hermosa como una gota de rocío deslizándose impasible por los pétalos de un girasol. Igual se evapora, igual sube al cielo en un arcoíris, pero regresa a tu ventana. Y te mira con ese gesto formidable que te hace sentir como un tonto, o tú crees que detrás de aquella sonrisa ella te piensa un tonto. Su sonrisa de “no me importa, te quiero”. Pero no todo es siempre así. Veamos: cuando la conociste era lo mejor de la vida de alguien, aún lo es. Pero ahora también es lo mejor de la tuya. Terrible lío. ¿Qué le dijiste? Sonríes como el idiota que te sientes.
“No me importa compartir”, y te burlas de ti mismo. Si ella supiera que quisiste decirle que era suficiente para ti, que era suficiente. Suficiente. Que no importaba que alguien más bebiera de su boca si guardaba algo para ti. Que era suficiente con un poco, que “poco es tanto cuando poco necesitas”.

Pero se fue.

“Como los ríos fluyen/igual que el viento sopla/así el amor destruye/yo lo supe en el momento en que me repetiste allí/’cuando ordene usted puedo desaparecer”. Se que no te gusta Nacho Vegas, pero no encontraba referencia.
Es que los sueños se hicieron para cumplirse. Pero también las pesadillas son sueños. Y es que tú no te lo merecías. ¿Sabes? (no, no creo), en bien poco tiempo te has convertido en un amigo, alguien en quien confiar cuando no te queda confianza en el mundo. Alguien con quien burlarse de las cosas que suceden, que no deberían de suceder. Alguien con quien burlarme de mi mismo. Y de él mismo.
¿Qué cómo terminó?
Te regalaría un final feliz, pero ambos sabemos que no es así. Ella… Regresó, como el balón que pega en el poste y te queda al pie. Anotaste, pusiste sus “tequiero” en el marcador. Ahora solo quieres que no duelan tanto.
Intentas no pensar, todo parece mentira, y las mentiras también duelen. Ella solo dice que no te quiere perder, pero, ¿cómo? ¿Cómo no quiere perderte si te dejó anclado en el puerto desolado que siempre es la tristeza? ¿Cómo no quiere perderte si te amarró las manos y te lanzó al ring contra sus demonios? ¿Cómo no quiere perderte si te encerró en el sótano con sus miedos?
¿Sabes amigo? No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí así, y se que no puedo decirte nada que te ponga mejor, nada que deje de hacerte sentir así. Así. Con ganas de que suene de nuevo el despertador, que se termine este mal sueño, esta pesadilla. Y Nacho Vegas remata su canción así: “Yo jamás imaginé que un poco de amor/ le podía a uno causar /tanto tanto dolor/¿Cómo iba a adivinar/que podía hacerme daño alguien/que era irreal?/Y la puerta se cerró/y así mismo te perdí/Marilyn…”

Entonces Andy Warhol, te mira desde la pared, se burla de ti. Porque te toco aprender de la forma difícil que los artistas no tenemos corazón…

☠Pirata☠
eltragasables@gmail.com

Que si no le tememos a la muerte..

La muerte es más que un montón de osamentas enterradas en un cementerio gris.
La muerte es más que un puño de tierra.
La muerte es más que un réquiem lento y doliente.
La muerte es más que una espera interminable.
La muerte es más que un cuerpo inerte.
La muerte es más que un océano de desgracias.
La muerte es más que una fuente de tristezas.
La muerte es más que un sueño eterno.
La muerte es más que un paso al cielo.
La muerte es más que una puerta abierta al infierno.
La muerte es más que un largo silencio.
La muerte es más que una promesa vana de volver.
La muerte es más que una infinita incertidumbre…

Porque hay quienes preguntan que si no le tememos a la muerte y que si no le tenemos respeto. Y entonces uno no sabe que responder, y se le traban las palabras en la lengua.
Y es que no es cuestión de temer.

Dicen que no le tememos a la muerte porque la vestimos de seda, encaje y organdí y la sacamos a pasear a las calles; y dicen que no respetamos a la muerte porque le ponemos hilos y la hacemos bailar desnuda. Entonces yo pienso que lo que muchos toman por incorrecto no es más que un gran cariño y una profunda admiración.

Porque la muerte tiene sus misterios y sus mitos, pero le gusta jugar a sentirse viva, y bailar y correr y andar en bicicleta.
Porque la muerte igual te sonríe que te pela los dientes, igual te mira que te guiña un ojo.
Porque la muerte igual visita La Lagunilla que La Condesa.
Porque la muerte anda en taxi o en camión o en metro o en Rolls Royce.
Porque la muerte es de cera y de papel picado, o de chocolate o azúcar glas.
Porque la muerte siempre anda acompañada de quienes se nos adelantaron.
Porque la muerte no nos impide sentir todavía el gran amor que nos dejaron los que ya no están aquí.

Y es que se ha ganado eso: un lugar en nuestra mesa, un minuto de silencio, un vaso de agua, una veladora. Y le ofrendamos pan y mole, tequila, arroz y pipián, cañas y mandarinas, naranjas, dulce de calabaza, pepitas y cacahuates; porque acompaña las almas de quienes no olvidamos ni nos olvidan.

¿Y qué si la muerte es cosa del diablo? ¡Patrañas! Tal vez venga en nuestra sangre esa búsqueda del camino de ida y vuelta al Mictlán, algo que ni 500 años de sumisión nos ha arrancado del corazón. Y a la muerte le decimos Flaca, Huesuda, Calaca, Parca, Calavera… Y la vestimos de Catrina, muy nais para que salga a hacer la ronda; o le ponemos trenzas y vestido de manta, para que se vea más chula que María Candelaria; o la ataviamos de negro con tamaño sombrerote, espuela y botas, para que ande de charra; hay quienes la pintan a caballo con carrillera, fusil y bayoneta, quesque porque es muy revolucionaria. Como sea, así la queremos a la condenada.

Porque vamos al panteón y no hay solo lápidas sombrías, sino que hay cruces de hartos colores, con un chorro de flores. Y es que en mi país la muerte es más que agujeros en el suelo con un montón de huesos fríos. No. En mi país los muertos andan entre los vivos, regañándolos y dándoles calambres y consejos en sueños cada vez que se andan portando mal; unos andan de traviesos asustando las conciencias más deshonestas, otros andan bebiéndose sus penas.

Aunque sea por unos días.

Pero siempre es bonito recordar a la abuelita, al hijo, al tío, al hermano, al primo, a la vieja o al marido. Platicar con ellos y contarles secretos que ni nuestra sombra sabe. Porque solo así uno no se siente tan solo cuando todo parece darle la espalda.

Porque solo ellos no se olvidan nunca de nosotros, aunque a veces andemos de ingratos y nomas les pidamos todo pa’ca y nada pa’llá. Por poquito tiempo nomás.
Porque a final de cuentas, para allá vamos todos…

☠Pirata☠
eltragasables@gmail.com

Esperanzas a los alacranes


“aquel día de noviembre había escarcha.
Semejante a un muerto que respira, pero
no ve, ni se mueve, ni siente; alentaría
hasta el momento en el que el crepúsculo
invernal bajara misericordiosamente
sobre el campo.
Entonces moriría hundido en el desamor,
sin ser llorado, casi inadvertido.”
Eric Malpass (“A las siete de la mañana”)




Hoy fue el último día. Las noches y los días fueron garuando como alcohol, inundando la muerte de los meses, todos los meses que ardieron y convirtieron en cenizas un año más.
Noviembre es mi mes favorito, no porque me haya dejado vivir, sino porque me acomoda mas el frío y el viento otoñal; si, además los atardeceres son mas agradables cuando los cirros se visten de carnavales púrpuras, naranjas y rosas. En Noviembre, el céfiro te pega en la cara, cargado de oscuridad y de interrogantes, y de melancolía.

¿Qué porque soy Pirata?
Una noche desperté a la orilla de este mar de mentiras húmedas, y pensé en correr por el sueño destrozado en cristalinas montañas de sal. Cerré los ojos para que no se tragaran la oscuridad, pero las algas empezaron a mojar todas las ilusiones de papel. Era la costa del olvido. Y así pasó el tiempo, a la deriva de mis pesadillas, mientras mi silueta deforme se desgastaba en este inmenso espejo, con la mueca que a veces la hacía de sonrisa. Miraba con detenimiento, siempre con la resignación de que todo era un mal presagio. Creo que asusta ver como te alejas del mundo embozado en ti mismo.
Recuerdo que tenía sed, y que perseguía luces imaginarias en el cielo, que parecía un plato bocabajo sobre esta inmensidad salada y azul. Y eran estas aguas corrosivas las que minaban mi piel, como síntoma de que no quedaba mucho por hacer. Pronto no me mantendría más a flote…
Siempre he sido más cómplice que nadie de mi incertidumbre, y eso, duele saberlo. Entonces desperté.

El asfalto se convirtió en la alfombra de mi palacio, del hogar del eterno peregrino. Y no había más que misterios etílicos desnudándose lentamente ante la visión superflua, todo parecía tan real que no parecía verdad; tenía prisa por quemar otro intento de recobrar el aliento de la vida y proseguir con el calvario hacia la muerte. Entendí la idealización de la belleza de arrabal que flotaba en el televisor, entendí el contraste entre lo evidente y lo intangible, para poder destrabar mis manos y mi imaginación, alimentando con agua y pan a la esperanza prisionera en un sucio calabozo de sujeción.
El humo se levantaba con pesadez metálica, deslizándose lentamente hasta los confines del universo; siempre me pareció una ironía que no lo lograra, que de pronto se desvaneciera en partículas ascendentes hasta pulverizarse en el aire, un aire ya de por si oscuro y enrarecido. Me divertía consumiendo enfermedad hasta dejarla en cenizas inertes, mientras la inestable crudeza destrozaba las ilusiones de un futuro mejor, la promesa devaluada de que mañana no puede estar tan mal; verdad evanescente, víctima del destino. Columnas, mausoleos para mi pasado.

La escultura del tiempo, el azar y la suerte fueron atormentando mis tinieblas y esas dudas que hunden en el fango del desconcierto a todo aquel que se arroje al viento sin conciencia de que este naufragio es la vida, y que vivir es la única forma de sobrevivirlo. Pero queda la negación aún cuando eso signifique irremediablemente otro desconocido y temido camino: morir.
Pero yo no entiendo nada de lo que se dice en los sueños, ni encuentro pasión en la vía de los creyentes, tampoco me interesa el rumor inaudible de los astros, soy disidente de los aspavientos de la belleza, y prefiero mil veces tocar fondo por mi propia mano que alcanzar el cielo teniendo deudas con alguien. Persigo eclipses y espero agazapado debajo de una piedra. Me condenan por ser un escorpión poco diestro que termina clavando el aguijón siempre en su propio cuerpo, pero prefiero aguantar mi propio veneno a fabricar culpas.
Estoy varado en las corrientes del lenguaje, en su ir y venir de significados, en el fuego cruzado de los signos y los sonidos, entre las atrocidades de la interpretación y los fantasmas tristes del artificio; me erosiono en las vueltas que da este escenario, que viene y va a una velocidad incalculable, hasta parecer tan invisible como la luz. Pero, si miras con detenimiento, descubres sus partículas y sus colores, todo se detiene ante tus ojos, lo puedes tocar y mover de sitio, lo paralizas en el silencio y construyes: columnas y castillos.
La pluma ya no solo habla, sino que siente, imagina y transporta. Eso es lo que soy. Tinta fresca, un sitio en blanco…

Este ha sido un año lleno de todo. Un matiz entre los primeros veinte, que fue desde la voz tenue de un “te quiero” hasta las penumbras del silencio. Y no hubiera podido hacerlo solo, porque lo único que no me ha hecho falta todo este tiempo son amigos:

En principal, Don Diego, y nuestros deslices con el desconcierto y las situaciones imposibles, porque no se da por vencido y porque me ha puesto tiempo y fe; y mi hermanita Elsy, con quien compartí pequeñas victorias, grandes derrotas y abundantes regaños; Vanessa, que es escultora de mi corazón y ha hecho milagros con lo poco que me quedaba de mi mismo; Coral, que es un catálogo de sonrisas, y porque todavía no fumamos ese Lucky Strike; Monse, quien no ha dejado de alentarme desde que entre al ruedo con las letras; y también gracias de larga distancia a Daniela Cañas Valencia, que es una personita tan inconforme y tan cansada y tan inmortal como yo; y como no, a Vale, porque vale maaaaaaas, por todos esos chistes malos y los momentos de simpleza, y porque en bien poco tiempo se ha ganado ser mi amigo; a Paco, porque es purio; a María, que desapareció, aunque no se si deba agradecerle que haya desaparecido (risa); a Dany, porque ahí está siempre; a Leonardo, por seguirme en un sueño o desengaño musical; al Esponja, por el orgullo y los tragos compartidos; a Kumbala y a Rodrigo, por ser mis hermanos y compañeros desde hace nueve años (joder, que se dice fácil); a Daniela María Josefina, porque le gusta lo que escribo (debe tener flojo un tornillo); a Edith, porque nos hacemos reír mucho cada que no tengo casi nada que hacer (que es casi siempre)… En fin. Si alguien se me olvida que me perdone. Quisiera darles algo más a todos y cada uno, pero nada tengo, nada que valga, digo. Solo infinitas gracias.

HastaSiempre!

☠Pirata☠

eltragasables@gmail.com

martes, 4 de noviembre de 2008

De mi buena-mala suerte y otros detalles



¿Que días tan raros pasan por acá no?

Últimamente los días me parecen extraños, si, me refiero a que en un día común por ejemplo el viernes se me esta volviendo terriblemente aburrido, los sábados de hueva, los domingos de recontra hueva… Iaaag! ¡Vaya que semana tan fome!

Les platicaré que tengo la "buena-mala suerte" como dice el buen amigo Diego, que, imaginemos que te atropellan y en lugar de romperte una pierna, solo te rompes el dedo gordo. jajaja. Nos pasa a todos.


Pero también tenemos alguien o algo que siempre nos da la noticia buena, el momento de sonreír, el momento de la experiencia catártica, el buen momento del día que lo hace mejor al anterior. Regularmente me es impredecible ese instante y a veces pasa por delante mío sin verlo ni disfrutarlo, hasta después te das cuenta de que un detalle cambió el día. Son como accidentes esperando suceder. Si eso son...



He cachado algunos detalles hace poco y los míos son simples:

Tomar fotos es lo que me gusta hacer, ver a alguien sonreír y reírte con el o ella, de esas personas que en su mayoría son gente amable de edad avanzada, (abuelos, vecinos, doctores o enfermeras) que te regalan dulces que están viejos solo por que les sobra en el bolsillo ja!, cuando llegas a tu casa agotado después de pasar por un pinche friazo y te vas directo a tu cama a dormir, después de cuando llueve el olor a humedad en el pasto, escuchar una rola que te gustaba mucho pero ya la habías olvidado, hablar por teléfono y por supuesto UNEN JEL :p, entre otras muchas cosas.


¿Cuales son los suyos?

Amm……

¡Ya se!

¡Que recuerdan que Radiohead siempre si viene a México! ¡Yuju!


Que un su dia se den cuenta de los accidentes que esperan suceder y de su buena-mala suerte.

Vale

campbellscan@hotmail.com