La muerte es más que un montón de osamentas enterradas en un cementerio gris.
La muerte es más que un puño de tierra.
La muerte es más que un réquiem lento y doliente.
La muerte es más que una espera interminable.
La muerte es más que un cuerpo inerte.
La muerte es más que un océano de desgracias.
La muerte es más que una fuente de tristezas.
La muerte es más que un sueño eterno.
La muerte es más que un paso al cielo.
La muerte es más que una puerta abierta al infierno.
La muerte es más que un largo silencio.
La muerte es más que una promesa vana de volver.
La muerte es más que una infinita incertidumbre…
Porque hay quienes preguntan que si no le tememos a la muerte y que si no le tenemos respeto. Y entonces uno no sabe que responder, y se le traban las palabras en la lengua.
Y es que no es cuestión de temer.
Dicen que no le tememos a la muerte porque la vestimos de seda, encaje y organdí y la sacamos a pasear a las calles; y dicen que no respetamos a la muerte porque le ponemos hilos y la hacemos bailar desnuda. Entonces yo pienso que lo que muchos toman por incorrecto no es más que un gran cariño y una profunda admiración.
Porque la muerte tiene sus misterios y sus mitos, pero le gusta jugar a sentirse viva, y bailar y correr y andar en bicicleta.
Porque la muerte igual te sonríe que te pela los dientes, igual te mira que te guiña un ojo.
Porque la muerte igual visita La Lagunilla que La Condesa.
Porque la muerte anda en taxi o en camión o en metro o en Rolls Royce.
Porque la muerte es de cera y de papel picado, o de chocolate o azúcar glas.
Porque la muerte siempre anda acompañada de quienes se nos adelantaron.
Porque la muerte no nos impide sentir todavía el gran amor que nos dejaron los que ya no están aquí.
Y es que se ha ganado eso: un lugar en nuestra mesa, un minuto de silencio, un vaso de agua, una veladora. Y le ofrendamos pan y mole, tequila, arroz y pipián, cañas y mandarinas, naranjas, dulce de calabaza, pepitas y cacahuates; porque acompaña las almas de quienes no olvidamos ni nos olvidan.
¿Y qué si la muerte es cosa del diablo? ¡Patrañas! Tal vez venga en nuestra sangre esa búsqueda del camino de ida y vuelta al Mictlán, algo que ni 500 años de sumisión nos ha arrancado del corazón. Y a la muerte le decimos Flaca, Huesuda, Calaca, Parca, Calavera… Y la vestimos de Catrina, muy nais para que salga a hacer la ronda; o le ponemos trenzas y vestido de manta, para que se vea más chula que María Candelaria; o la ataviamos de negro con tamaño sombrerote, espuela y botas, para que ande de charra; hay quienes la pintan a caballo con carrillera, fusil y bayoneta, quesque porque es muy revolucionaria. Como sea, así la queremos a la condenada.
Porque vamos al panteón y no hay solo lápidas sombrías, sino que hay cruces de hartos colores, con un chorro de flores. Y es que en mi país la muerte es más que agujeros en el suelo con un montón de huesos fríos. No. En mi país los muertos andan entre los vivos, regañándolos y dándoles calambres y consejos en sueños cada vez que se andan portando mal; unos andan de traviesos asustando las conciencias más deshonestas, otros andan bebiéndose sus penas.
Aunque sea por unos días.
Pero siempre es bonito recordar a la abuelita, al hijo, al tío, al hermano, al primo, a la vieja o al marido. Platicar con ellos y contarles secretos que ni nuestra sombra sabe. Porque solo así uno no se siente tan solo cuando todo parece darle la espalda.
Porque solo ellos no se olvidan nunca de nosotros, aunque a veces andemos de ingratos y nomas les pidamos todo pa’ca y nada pa’llá. Por poquito tiempo nomás.
Porque a final de cuentas, para allá vamos todos…
☠Pirata☠
eltragasables@gmail.com
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Super Mario Rampage


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