Te mira, la miras. Silencio. Ninguno de los dos se atreve a decir apenas nada. Simplemente se observan, tus ojos dentro de los de ella y los de ella dentro de los tuyos, reflejándose infinitamente. El tiempo parece detenerse.
Dos latidos, casi al unísono.
Dos sonrisas.
Un segundo.
Afuera suena la ciudad, afuera; adentro suena su corazón en el tuyo, el tuyo en el de ella.
La luna besa la acera.
Sus manos tiemblan entre tus manos, tus manos tiemblan sobre las de ella.
Su aliento es tu aliento, y de repente todo es aire y luz y miradas y miedo, vértigo. Nada que pensar…
Ella ve tu corazón. Tu ves el de ella.
Dos segundos.
La magia de sus labios, el aroma de su pelo, las formas de su rostro. Su respiración tibia: tan cerca, tan posible, tan real.
Solo habría que levantar los brazos para alcanzar ese cielo…
Tres segundos.
El tiempo espera. El tiempo se va.
Casi respiras de ella, sus ojos se cierran, sus dedos náufragos se aferran a la costa de tus manos.
Todo es mejor con los ojos cerrados y el corazón abierto, y esta oscuridad disipa tus dudas.
Te entregas al beso. Tan cerca, sin tiempo, sin espacio; silencio, que se suspende como equilibrista en el vacío…
Y suena el despertador.
La luz zozobra en los retazos de madrugada que aún inundan las calles, y te desayunas el viento azul que va mordiendo el cielo. No recuerdas nada, solo tienes la vaga sensación de que todavía no despiertas del todo, pero piensas que más vale que lo hagas porque tienes cosas hacer, aunque no sabes si mas importantes que verla caminar hacia ti; sin embargo por el momento “todo a su tiempo” piensas. Todo a su tiempo, y a su espacio.
Después de todo hoy la verás y algo detonará esas minas de ilusiones que quedaron enterradas en el fondo de tu alma, que sobrevivieron al contacto con la realidad, porque no es sano dejar de soñar. Sabes también que no debes confiarte en los sueños.
Lo sabes todo, pero, ¿qué más da? No todos los días uno puede permitirse sonreír al evocar una sonrisa…
“No te vayas a equivocar”, te repites a ti mismo, te convences de que esta vez nada puede salir mal.
Las palabras te castañean en la mente, y te bebes las horas de sol de un solo trago. Apuras la mañana, esperas impaciente la tarde, la noche a la luz de sus ojos.
Hasta tus miedos tienen miedo.
Se nubla el mediodía, hace frío. Tiembla tu mirada a todos lados.
Te sientes tan patético, tan vacío, tan estúpido. Con las manos húmedas y la boca seca, y el estómago hecho nudos y la garganta áspera. Y sientes que no llegará, que no llegará nunca.
La palabra nunca ya no te gusta.
Y el tiempo. Un minuto tras otro, tan lento que muerdes el vacío desesperado. Y ella aparece al final del andén, con su vestido negro y sus mallas blancas, y su cabello suelto, y su perfume tibio; “tu rostro, tu paso largo, tus manos y sin embargo todavía no lo creo”, te grita Benedetti en el oído. Solo ella, nadie más.
¿Cómo explicarlo? Estás solo. Frente al arco. La vida te regala un gol.
¿Será porque perdemos el control cuando todo parece tenerlo? ¿Será que nos devoran los fantasmas si les dejas un resquicio para pasar? ¿Será porque si “la historia tiende a repetirse”, es porque no has aprendido nada? Nada que decir. Si es que todo es cuestión de interpretación, pero no puedes entenderlo, hasta dudas ahora de lo que quisiste decir. Solo la ves alejarse entre la gente, sin voltear a verte. Fallaste un penal. Un penal. Era lo peor que te podía pasar cuando eras niño, cuando nada de esto importaba. Fallar un penal. Así de avergonzado.
Con el coraje calentando tus venas.
Así de desconcertado.
Con la confusión cayendo sobre ti como granizo.
Sube al tren, y no la detuviste. La dejaste ir sin explicarle; ¿explicarle qué? Quizá deberías entender primero tú.
La historia es así. Ella es hermosa como una gota de rocío deslizándose impasible por los pétalos de un girasol. Igual se evapora, igual sube al cielo en un arcoíris, pero regresa a tu ventana. Y te mira con ese gesto formidable que te hace sentir como un tonto, o tú crees que detrás de aquella sonrisa ella te piensa un tonto. Su sonrisa de “no me importa, te quiero”. Pero no todo es siempre así. Veamos: cuando la conociste era lo mejor de la vida de alguien, aún lo es. Pero ahora también es lo mejor de la tuya. Terrible lío. ¿Qué le dijiste? Sonríes como el idiota que te sientes.
“No me importa compartir”, y te burlas de ti mismo. Si ella supiera que quisiste decirle que era suficiente para ti, que era suficiente. Suficiente. Que no importaba que alguien más bebiera de su boca si guardaba algo para ti. Que era suficiente con un poco, que “poco es tanto cuando poco necesitas”.
Pero se fue.
“Como los ríos fluyen/igual que el viento sopla/así el amor destruye/yo lo supe en el momento en que me repetiste allí/’cuando ordene usted puedo desaparecer”. Se que no te gusta Nacho Vegas, pero no encontraba referencia.
Es que los sueños se hicieron para cumplirse. Pero también las pesadillas son sueños. Y es que tú no te lo merecías. ¿Sabes? (no, no creo), en bien poco tiempo te has convertido en un amigo, alguien en quien confiar cuando no te queda confianza en el mundo. Alguien con quien burlarse de las cosas que suceden, que no deberían de suceder. Alguien con quien burlarme de mi mismo. Y de él mismo.
¿Qué cómo terminó?
Te regalaría un final feliz, pero ambos sabemos que no es así. Ella… Regresó, como el balón que pega en el poste y te queda al pie. Anotaste, pusiste sus “tequiero” en el marcador. Ahora solo quieres que no duelan tanto.
Intentas no pensar, todo parece mentira, y las mentiras también duelen. Ella solo dice que no te quiere perder, pero, ¿cómo? ¿Cómo no quiere perderte si te dejó anclado en el puerto desolado que siempre es la tristeza? ¿Cómo no quiere perderte si te amarró las manos y te lanzó al ring contra sus demonios? ¿Cómo no quiere perderte si te encerró en el sótano con sus miedos?
¿Sabes amigo? No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí así, y se que no puedo decirte nada que te ponga mejor, nada que deje de hacerte sentir así. Así. Con ganas de que suene de nuevo el despertador, que se termine este mal sueño, esta pesadilla. Y Nacho Vegas remata su canción así: “Yo jamás imaginé que un poco de amor/ le podía a uno causar /tanto tanto dolor/¿Cómo iba a adivinar/que podía hacerme daño alguien/que era irreal?/Y la puerta se cerró/y así mismo te perdí/Marilyn…”
Entonces Andy Warhol, te mira desde la pared, se burla de ti. Porque te toco aprender de la forma difícil que los artistas no tenemos corazón…
☠Pirata☠
eltragasables@gmail.com
Encuentros sexuales en Twitter México
Hace 10 años


Super Mario Rampage


3 comentarios:
no no lo tenemos y te tocó aprender a la mala
si hombre de la mala forma lo aprendiste.
no tenemos
Una vez un pirata encontro a una sirena sentada en una roca, despues de mucho hablar sobre el mar y sus viajes, el pirata se jactaba de conocer los 7 mares y sus secretos, entonces la sirena le pregunto: "¿En verdad crees conocer los 7 mares?" a lo que el pirata le respondio " Por supuesto la mayoria de mis años los he pasado sobre un barco viajando".
La sirena esbozando una sonrisa dijo "¿pero como puedes decir que conoces bien el mar sino sabes bien que hay dentro de el? puedes sumergirte, pero lo que logras ver es solo una pequeña parte de lo que es, yo vivo en el y puedo decirte que aun no lo conozco de lleno"
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